No encuentro una palabra mejor que describa mi estado actual de ánimo: alegría. Alegría porque creo que el Señor me ha llamado para servir a Dios y a los hermanos. No son frases hechas, ni pretenden ser presuntuosas. Es la llamada que el Señor me hace con la Ordenación de Diácono. Cuando el Señor llama, esta es mi experiencia (sí, lo digo por mi) no llama a los más guapos, a los más inteligentes o con mucho talento en la gestión de las cosas. Llama a los que Él quiere: lo sean o no. Tampoco llama a los que sobresalen por ser los más serviciales o con una vida sin tacha, y por eso se "merecen" la ordenación. Simplemente llama a los que Él quiere. Ante una llamada así, sólo puedo decir: Gracias Señor por enseñarme a responder a tu llamada; gracias por abrirme el oído para escucharte y hacerme partícipe de tu misión; gracias porque te has aprovechado hasta de mis infidelidades para mostrarme el camino, junto a Ti: caminando juntos. El 5 de febrero cambiaré de "Estado de vid...