miércoles, 17 de noviembre de 2010

Adorar no significa humillarse

Si buscas en el Diccionario la palabra "adorar", no te encuentras una acepción que suponga menoscabo a la dignidad del hombre.
De todas ellas, hay dos que me dan mucha luz: amar con extremo y gustar de algo extremadamente. Estas frasecillas explican muy bien lo que Iglesia nos quiere proponer cuando nos aconseja (vivamente) tener momentos de adoración ante Jesús Eucaristía.
Es probar el Amor de Dios aquí y ahora. Es un momento especial porque en esos ratos, gracias a Dios, uno se puede dar cuenta del Amor que Él nos tiene, de una forma concreta, personal. Es un auténtico diálogo.
No es cuestión de sentimentalismos superficiales, aunque también se pueden experimentar muchos sentimientos; no dejamos de ser de carne y hueso (consolación, alegría, sequedad, aridez, confianza,...). Lo digo así: es tratar con Dios, que se acerca a tu corazón y lo toca.
Muy pronto en Albacete (en Enero), tendremos el regalo de una Capilla de Adoración Perpetua. El objetivo es facilitar al máximo la posibilidad de encontrase con Dios, cara a cara. Os invito a esta experiencia.
No se trata de pasar el rato sentado delante de un altar: es una oportunidad para que Jesucristo se te de a conocer de verdad.
Te puedo asegurar que transforma la vida.

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