jueves, 17 de febrero de 2011

¿Qué pasa en Majadahonda?

Nos hacemos eco de una noticia que nos preocupa. Tiene la palabra el sacerdote David Benítez

Aunque a través de estas líneas habitualmente comentamos la Buena Noticia, el Evangelio, la Palabra del Señor, que nos dirije cada domingo, esta semana no puedo por menos que escribir para condenar el terrible suceso acaecido en la parroquia de Sta. Catalina, la parroquia madre de todas las parroquias de Majadahonda.


La mala noticia es que a plena luz del día, el viernes día 11 de febrero, dos individuos han robado el Sagrario y el Santísimo Sacramento. Es evidente que el suceso es terrible, que debemos condenar y hacer oraciones de desagravio, pero debemos también pensar qué es lo que está sucediendo en nuestra ciudad. Nuestra parroquia sufrió el primer ataque con la instalación de siete artefactos incendiarios, que gracias a Dios no llegaron a arder. La parroquia de Sta. Catalina es el segundo ataque que sufre: la pasada Navidad, al concluir la Misa del Gallo, prendieron fuego a las puertas del templo, que ardieron hasta ser destruidas, y ahora la profanación y robo del Sagrario.


Sin duda ninguna los cristianos debemos perdonar a los enemigos, pero también debemos reclamar de las autoridades públicas y de todos los ciudadanos seguridad y respeto. No ya para vivir nuestra fe, sino también para el cuidado de los edificios sagrados.
En la parroquia hace unos días tuvimos una interesantísima conferencia del director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en la que nos hablaba de la persecución contra los cristianos en lugares como Alejandría, Pakistán y otros países. No todo sale en los medios, aunque algo sí. Pero vemos que en Majadahonda y en nuestra sociedad occidental ha comenzado una persecución silenciosa y una intolerancia muy grave contra todo lo que lleva el nombre de cristiano.


No podemos y no queremos cerrar nuestros templos por motivos de seguridad, porque eso es lo que sin duda quieren algunos; que no nos podamos acercar a rezar, a estar con el Señor. La presencia pública de la Iglesia y de cada cristiano se hace ahora más necesaria que nunca, pidamos al Señor, con la intercesión de María nuestra madre, que nos dé la valentía suficiente para dar testimonio de nuestra fe allí donde tengamos que hacerlo y como el próximo Beato Juan Pablo II dijo en el comienzo de su pontificado: ¡No tengáis miedo!.

P. David Benítez Alonso, Pbro. Cura Párroco

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