jueves, 8 de septiembre de 2011

sorpresas que dan algunas lecturas

Anoche estuve, hasta que me entró sueño, leyendo en la cama... después de completas... Leía un librito que he conseguido: Sal de la tierra (1996). Una entrevista a Joseph Ratzinger y me encuentro el siguiente comentario de Peter Seewald: Con frecuencia se piensa que...intenta conservar algo a buen recaudo... Si no puede ser para los hijos, porque harían mal uso de ella, al menos debería ser para los nietos, para que esa herencia no se pierda... Y aquí sigue la contestación del entonces "panzer kardinal" como le llamaban algunos: Esta idea de almacenar para los nietos me parece muy bonita, porque eso es, exactamente, lo que a mí me gustaría conseguir: Me gustaría que, junto  a todo el bien y a la belleza que se ha ido desarrolando en nuestra historia, también crecieran, y nunca se perdieran, los grandes valores de la fe con su espléndida luminosidad. Me gustaría mucho que perduraran y se manifestaran siempre.

Inmediatamente me vino a la memoria los acontecimientos de la JMJ, sobretodo las imágenes con su sonrisa y sus ojos pendientes de los jóvenes (como para no perderse nada...), y me sentí completamente identificado al pensar que nuestra generación somos nietos de este presbítero (anciano) sabio. Y es cierto. Su trabajo ha llegado a nuestras manos; pienso especialmente en el Catecismo de la Iglesia que tanto me ayudó a conocer la fe en los años 95-98 del siglo pasado cuando me preparé para la Confirmación. Luego he ido descubriendo algunos de sus artículos y libros.

Su trabajo y ahora su misión como Sucesor de Pedro, nos indica el camino a seguir: Jesucristo. Es un regalo que tenemos que empezar a valorar todos los cristianos porque nos ayuda a enfrentarnos con esas preguntas de la vida que necesitamos responder para luego ayudar a otras personas a responderlas. Qué maravilla.


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